Los Tercios Españoles - Origen y organización - La Rama Ancestral

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sábado, 16 de marzo de 2019

Los Tercios Españoles - Origen y organización

Tercios Españoles

Los tercios españoles fueron un cuerpo militar que existió entre el 1534 y finales del siglo XVII. Se les consideraba como la mejor unidad militar de su época, incluso su fama llego a ser tal, que empezaron a ser comparados por su gran destreza y sus grandes logros con otras tropas tan importantes como las  legiones romanas, los soldados espartanos o las falanges macedónicas.

Los tercios españoles eran la combinación perfecta de las unidades militares de su tiempo. Esta unidad estaba formada por soldados veteranos, profesionales, muy leales a la corona, con un gran sentido del honor y una increíble devoción  hacia el catolicismo cristiano. Tanto temor infundían a sus enemigos que hoy en día nos podemos encontrar muchas citas relatando su bravura, pasión y destreza. 
 

- "los mejores soldados existentes en la cristiandad " - Robert Dudley I (conde de Leicester)

- "cinco mil españoles que eran a la vez cinco mil infantes, y cinco mil caballos ligeros y cinco mil gastadores y cinco mil diablos " - Almirante francés Bonnivet

- "Tal parece que Dios es español al obrar, para mí, tan grande milagro" - Almirante holandés Holak

- "No hemos combatido con hombres sino con diablos" - Soldados franceses después de ser expulsados de Italia por los Tercios de El Gran Capitán: Gonzalo Fernández de Córdoba.

- "Los infantes españoles prefieren la muerte a la deshonra. Ya hablaremos de capitulación después de muertos".- frase de la batalla de Empel

- "Cuando en España se habla de cosas de honor un hombre sencillamente honrado tiene que echarse a temblar." - Unamuno

- "Preferimos morir con honra que vivir eternamente deshonrados." - Frase de los tercios

- "Los soldados que componen los Tercios son españoles,que aman más la honra que la vida y temen menos la muerte que la infamia." - Londoño

- "Hablo latín con dios, italiano con los músicos, español con las tropas y alemán con los lacayos." - CARLOS I DE ESPAÑA

- "España sola pare los hombres armados". - Francisco de Valois-Angulema, rey Francisco I de Francia.

- "A los españoles por mar los quiero ver, porque si los vemos por tierra, que San Jorge nos proteja." - Oficial británico

- "Los españoles son ejemplo que no parece excepción, pues siendo generalmente de estatura pequeña, la grandeza del corazón es tan grande que les da aliento, de forma que con su propio valor se han hecho dueños del mundo" - Juan Pablo Mártir, 1626

- "Las fanfarronadas españolas superan a las de cualquier otra nación, tanto que debe reconocerse que la nación española es brava, bravucona y valerosa, y de genio vivo y hábil para improvisar frases con ingenio." - Brântome

- "A ellos (los tercios de infantería española) se ha debido y se debe que el gran rey de España inspire terror a todos sus enemigos, ocultos o descubiertos, y que cuando se divulga la presencia de tan solo ocho mil soldados españoles nativos en su ejército, sus enemigos se retiren y abandonen el campo."- Brântome

"no saques la espada sin razón ni la envaines sin honor"(dicho entre los soldados de los tercios).

Origen de los tercios
Hasta 1536 (con la excepción del imperio romano y los pequeños cuerpos de guardias reales), no existía el ejército permanente, de modo que las tropas eran levantadas para una campaña, a veces para varias, pero en cuanto la guerra terminaba, todos los soldados eran licenciados. Sin embargo, en España, con tantos territorios dispersos que defender y tantos enemigos expectantes, se hizo necesario crear una unidad que estuviera permanente de guarnición en los territorios más amenazados. Así, en la Ordenanza de Génova de 1536,  Carlos I de España crea y nombra por primera vez a las tres primeras unidades orgánicas de la historia: los tres Tercios de Nápoles, Lombardía y Sicilia, cada uno formado por 10 capitanías o compañías, 8 de piqueros y 2 de arcabuceros, de 300 hombres cada una, haciendo que cada tercio tuviera entorno a unos tres mil hombres. Los tercios, a diferencia de otras unidades, no eran disueltos al acabar cada campaña, sino que seguirían en activo permanentemente para mantener a los veteranos de anteriores luchas en pie de guerra, fomentar el espíritu de cuerpo y para defender las posesiones españolas más alejadas. Sólo décadas más tarde las demás potencias europeas verán las ventajas de este sistema, creándose en Francia, Alemania e Inglaterra unidades semejantes llamadas regimientos, también de carácter permanente.

Imperio Español




Jerarquía y organización
La organización de los tercios varió muchísimo durante su existencia (1534-1704). La estructura original, propia de los tercios de Italia, cuyas bases se encuentran en la ordenanza de Génova de 1536, dividía cada tercio en diez capitanías o compañías, ocho de piqueros y dos​ de arcabuceros, de trescientos hombres cada una, aunque también se podía dividir el ejército en doce compañías de doscientos cincuenta hombres cada una. Cada compañía, aparte del capitán, que siempre tenía que ser de nacionalidad española y escogido por el rey, tenía otros oficiales: un alférez, quien era encargado de llevar en el combate la bandera de la compañía, un sargento, cuya función era preservar el orden y la disciplina en los soldados de la compañía, y 10 cabos (cada uno de los cuales mandaba de veinticinco a treinta hombres de la compañía). Aparte de los oficiales, en cada compañía había un cierto número de auxiliares (oficial de intendencia o furriel, capellán, músicos, paje del capitán, barberos y curanderos (estos dos últimos solían cumplir el mismo papel), etc.). Con el tiempo, una de las compañías de arcabuceros se sustituyó por otra de mosqueteros.

Organización de los Tercios

Los tercios solían presentarse en el campo de batalla agrupando a los piqueros en el centro de la formación, escoltados por los arcabuceros y dejando libres a algunos de estos últimos en lo que se denominaban mangas, para hostigar y molestar al enemigo.

El personal de cada unidad era siempre voluntario y entrenado especialmente en el propio tercio, lo que convierte a estas unidades en el germen del ejército profesional moderno. Los ejércitos españoles de aquel tiempo estaban formados por soldados reclutados en todos los dominios de los Habsburgo hispánicos y alemanes, amén de otros territorios donde abundaban los soldados de fortuna y los mercenarios: alemanes, italianos, valones, suizos, borgoñones, flamencos, ingleses, irlandeses, españoles, etc. En el conjunto del ejército, la proporción de efectivos españoles propiamente dichos solía ser inferior al 50%, e incluso menos aún: hasta un 10–15% a lo largo de casi toda la guerra de Flandes. Sin embargo, eran considerados el núcleo combatiente por excelencia, selecto, encargado de las tareas más duras y arriesgadas (y consecuentemente, con las mejores pagas). Inicialmente sólo los españoles originarios de la Península Ibérica estaban agrupados en tercios y durante todo el período de funcionamiento de estas unidades se mantuvo vigente la prohibición de que en dichos tercios formaran soldados de otras nacionalidades. En los años 80 del siglo XVI se formaron los primeros tercios de italianos, cuya calidad rivalizaba con la de los españoles, y a principios del siglo XVII se crearon los tercios de valones, considerados de peor calidad. Los lansquenetes alemanes en servicio del rey hispano no llegaron nunca a ser encuadrados en tercios y combatían formando compañías, puesto que eran mercenarios y no cuadraban con la organización militar de los tercios.

El ejército del duque de Alba en Flandes, en su totalidad, lo componían 5.000 españoles, 6.000 alemanes y 4.000 italianos. Cuando el tercio necesitaba alistar soldados, el rey concedía un permiso especial firmado de propia mano («conducta») a los capitanes designados, que tenían señalado un distrito de reclutamiento y debían tener el número de hombres suficiente para componer una compañía. El capitán, entonces, desplegaba bandera en el lugar convenido y alistaba a los voluntarios, que acudían en tropel gracias a la gran fama de los tercios, donde pensaban labrarse carrera y fortuna. Estos voluntarios iban desde humildes labriegos y campesinos hasta hidalgos arruinados o segundones de familias nobles con ambición de fama militar, pero normalmente no se admitían ni menores de 20 años ni ancianos, y estaba prohibido reclutar tanto a frailes o clérigos como a enfermos contagiosos. Los reclutas pasaban una revista de inspección, en la que el veedor comprobaba sus cualidades y admitía o expulsaba a los que servían o no para el combate. A diferencia de otros ejércitos, en los tercios el soldado no estaba obligado a jurar fidelidad y lealtad al rey.

El alistamiento era por tiempo indefinido, hasta que el rey concedía la licencia y establecía una especie de contrato tácito entre la Corona y el soldado, aunque aparte del rey también los capitanes generales podían licenciar a la tropa. Se daba por hecho que el juramento era tácito y efectivo desde este reclutamiento. Los agraciados con su entrada en el tercio cobraban ya al empezar un sueldo por adelantado para equiparse, y los que ya disponían de equipo propio recibían un «socorro» a cuenta de su primer mes de sueldo.

No hay duda de que estas condiciones se pasaban a veces por alto a causa de la picaresca personal o de las necesidades temporales del ejército, pero en general siempre se exigió que el soldado estuviese sano y fuerte, y que contara con una buena dentadura para poder alimentarse del duro bizcocho que se repartía entre la tropa. En España, las mayores zonas de reclutamiento fueron Castilla, Andalucía, el Reino de Valencia, Navarra y Aragón. Honor y servicio eran conceptos muy valorados en la sociedad española de la época, basada en el carácter hidalgo y cortés, sencillo pero valiente y arrojado de todo buen soldado. Aunque hay que añadir que no hubo escasez de voluntarios alistados mientras las arcas reales rebosaron de dinero, es decir, hasta las primeras décadas del siglo XVII.

No existían centros de instrucción, porque el adiestramiento era responsabilidad de los sargentos y cabos de escuadra, aunque la verdad es que los soldados novatos y los escuderos se formaban sobre la marcha. Se procuraba repartir a los novatos entre todas las compañías para que aprendieran mejor de las técnicas de los veteranos y no pusieran en peligro la vida del conjunto. Era también común que en las compañías se formaran grupos de camaradas, es decir, de cinco o seis soldados unidos por lazos especiales de amistad que compartían los pormenores de la campaña. Este tipo de fraternidad unía las fuerzas y la moral en combate hasta el extremo de ser muy favorecida por el mando, que prohibió incluso que los soldados vivieran solos.

Lo habitual era enviar a las nuevas compañías de reclutas a servir en Italia, de donde partían los veteranos luego a Flandes. Hasta bien entrado el siglo XVII, fue extraño enviar tropas bisoñas a Flandes.

El ascenso se debía a aptitud y méritos, pero primaban también mucho la antigüedad y el rango social. Para ascender se solía tardar como mínimo cinco años de soldado a cabo, uno de cabo a sargento, dos de sargento a alférez y tres de alférez a capitán. El capitán de una compañía de tercio era el mando supremo que debía rendir cuentas ante el sargento mayor, que a su vez era el brazo derecho del maestre de campo (designado directamente por el rey y con total competencia militar, administrativa y legislativa).

La paga de los soldados que componían un tercio era menor que las de los regimientos alemanes contemporáneos.​ Una pica seca recibía tres escudos al mes; un coselete, cuatro; un mosquetero, seis; y un arcabucero, cuatro.

El maestre de campo, tenía una gran responsabilidad: daba las órdenes, impartía justicia en el seno del Tercio y se ocupaba de que sus componentes estuvieran adecuadamente aprovisionados.

Lo normal era que el maestre iniciara su labor al mando de Tercios de tropas extranjeras, y, posteriormente, el rey le otorgaba el de los Tercios españoles.

Uno de los más famosos fue Julián Romero, que llevó a los Tercios a la victoria en Gravelinas y en la batalla de San Quintín. Otro fue Juan del Águila, que participó en el sitio de Malta, el saqueo de Amberes y otras gestas militares del siglo XVI. En 1704 desaparecieron los Tercios y con ellos los maestres de campo.

En la siguiente imagen te mostramos otros importantes cargos dentro de los Tercios como eran el sargento, el sargento mayor, el capitán, el alférez, el cabo, el furriel mayor o los tambores y pífanos:

Cargos de los tercios

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